Si alguna vez tras comer has sentido una sensación extrema de somnolencia o hinchazón estomacal, has sufrido lo que técnicamente se conoce como dispepsia (o comúnmente conocido como digestiones lentas y pesadas o indigestión).
En España es más común de lo que se piensa, pues diversos estudios han estimado que al menos el 39% de la población ha presentado síntomas dispépticos alguna vez en su vida.
Como farmacéutico y nutricionista clínico, mi objetivo es ayudarte a entender que todo comienza en tus hábitos y en aquello que decides poner en el plato. La digestión es esa punta de iceberg que esconde toda una serie de prácticas que pueden ser modificadas para encontrarse mucho mejor tras las comidas.
El por qué de las digestiones lentas y pesadas
La digestión es un proceso complejo, por lo que cualquier alteración puede afectar su funcionamiento normal. Algunas de estas alteraciones son:
- Alimentación inadecuada: hablamos de dos cuestiones importantes a considerar, por un lado una ingesta elevada de comida en poco tiempo y, por otro, el abuso de alimentos excesivamente grasos o picantes que pueden irritar el estómago y causar estos síntomas.
- Eje intestino-cerebro: es decir, el estrés y la ansiedad. Ambos activan el sistema nervioso simpático, «apagando» o inhibiendo el sistema digestivo para priorizar la respuesta de alerta.
- Hipoclorhidria: con la edad o el abuso de protectores estomacales se interfiere en la producción de ácido clorhídrico bajando estos niveles, dificultando así la descomposición de determinadas proteínas.
- Infecciones o enfermedades subyacentes: por ejemplo la bacteria Helicobacter pylori o trastornos como el síndrome del intestino irritable, gastritis o úlceras pueden estar detrás de muchos de los síntomas de estas indigestiones.
Qué alimentos evitar para una mejora de las digestiones
Según la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), moderar el consumo de grasas y evitar el tabaco y el alcohol son las primeras medidas de choque para reducir la sintomatología dispéptica.
Con esto en mente, es importante saber que cambiando de hábitos se puede disminuir o acabar con estos síntomas. Si persisten, acudir a un especialista es el siguiente paso para llegar a la raíz del asunto.
En cuanto a los alimentos a evitar o reducir, encontramos las grasas saturadas y fritos, los ultraprocesados, las verduras crucíferas y las legumbres mal cocinadas y alcoholes y bebidas gaseosas.
Claves para una correcta digestión
Más allá de reducir o evitar la ingesta de determinados alimentos, hay otra serie de prácticas que, de ser puestas en marcha, ayudan a una correcta digestión.
Por ejemplo, un paseo corto y ligero de 15 minutos tras comer activa la motilidad intestinal sin interferir con el flujo sanguíneo necesario para el estómago.
Las cenas ligeras y tempranas mejoran el vaciado gástrico antes del descanso, evitando el reflujo nocturno. Si a esto se le añaden determinadas infusiones con hinojo, manzanilla o jengibre el resultado es más positivo ya que ayudan a reducir la inflamación y favorecen la expulsión de gases.
Otro punto a tener en cuenta es ser consciente de la acción que estamos llevando a cabo y masticar correctamente. Esto se puede traducir en comer despacio, siendo conscientes de ello, y masticar en torno a 20-30 veces por bocado para ayudar a digerir mejor los alimentos. Además de esto, es importante hidratarse preferiblemente fuera de las comidas ya que el exceso de líquidos durante la ingesta puede diluir los jugos gástricos restándoles eficacia.
Acude a un profesional para ayudarte con estos síntomas
Si bien es cierto que la mayoría de las digestiones lentas y pesadas mejoran con determinados ajustes nutricionales, es fundamental acudir a un médico especialista para descartar patologías como la infección por Helicobacter pylori o úlceras gástricas en caso de presentar síntomas mayores, como vómitos recurrentes o pérdida de peso inexplicable.
Mi forma de trabajar con los pacientes consiste en entender el propio cuerpo, saber escucharle y actuar así en consecuencia. Este es el punto de partida, para construir sobre una base sólida una forma sana y correcta de relacionarnos con la comida.
Si quieres conocer cómo puedo ayudarte en este caso, no dudes en poner en contacto sin compromiso.
